Las Asociaciones Público-Privadas (APP) parecen haber caído en desgracia en el Perú. Y es que el estallido del mayor escándalo de corrupción empresarial y gubernamental peruano de toda su historia republicana ocurrió en el sector de la infraestructura. Y en concreto, con especial énfasis en aquélla desarrollada bajo el modelo APP, la principal modalidad aplicada en el país para impulsar la inversión en infraestructura desde los años noventa y con mucha mayor intensidad, desde este siglo.

Es una lástima que se haya propagado este sentimiento tan pesimista respecto de las APP, en especial, en el interior del país, donde existe tanta necesidad de infraestructura y servicios públicos. Un instrumento que ha demostrado muchos beneficios en Latinoamérica – y también en el Perú – quedó a expensas de la politización del discurso anti-inversión privada. Falacia total, porque el fallo ha sido solo en ciertas APP ligadas principalmente a transporte, pero por ejemplo, las APP hospitalarias, son un éxito total.

Sin embargo, hay que sobreponerse al momento y repensar el sistema APP peruano, incorporando elementos en todas las fases del ciclo de proyectos, con especial énfasis en la etapa de pre-inversión, que blinden mejor las APP respecto de la amenaza de las prácticas corruptivas. Y así, garantizar que pueden desplegar la mayor producción de valor compartido tanto para los inversionistas privados, como para el Estado y por supuesto, los usuarios del servicio derivado

El reto de la infraestructura, como el de la educación, dos de los principales pilares de la competitividad global de los países, no puede esperar, porque otros países de la región siguen avanzando al haber tomado mayor conciencia de la urgencia de mejorar sus servicios públicos, tal y como se muestra en la siguiente entrevista del 29 de junio pasado en el programa Globovisión de la CNN sobre las tendencias del sector infraestructura a nivel Latinoamericano y los nuevos desafíos. No, los peruanos no podemos quedarnos.