Hoy en día más del 90% de los hogares tiene por lo menos un celular, y esta presencia es del 94% de los hogares en Lima y del 88,5% de los hogares rurales, lo que quiere decir que la telefonía móvil casi se ha universalizado.

Es más, el 48,7% de la población de más de 6 años hace uso del internet, porcentaje que es del 69% en las urbes y el 39% en las zonas rurales. El 32% de la población que usa internet, lo hace en sus celulares, sólo el 11,5% en sus hogares y otro 11,4% en cabinas.

Por eso los periódicos han retrocedido en sus ventas y hasta la televisión, incluida la de cable, se viene estancando. Sirven para los partidos de futbol, pero no más. Todo está en el internet.

En otras palabras, con nuestro paulatino ingreso a la era digital estamos ante un enorme capital potencial para construir país, nación, sociedad, Estado, pero lamentablemente hasta ahora nuestra adecuación a tamaño giro es más individual y desde abajo, que institucional o social. Con todas sus peculiaridades, se está instalando una democracia deliberativa, más informada que antes. La juventud vive y estudia ya en red y una franja
viene lanzando multitud de startups y nuevos aplicativos. En lo ministerios hay miles de iniciativas digitales pero las altas direcciones suelen reconvertirlas a más y más normas. El viejo Estado protege su corazón burocrático y sólo accede a simplificar trámites. Resultado: ahora tenemos que consultar y llenar webs en casa y firmar formatos en las ventanillas, a la vez. Estamos a paso de cangrejo.

Ciertamente la revolución digital puede aligerar los enormes costos de transacción que debemos pagar por la sociedad deforme y criolla construida desde tiempo inmemoriales. Un reporte del BID revela que solo el 6% hizo su último trámite completamente en línea y que el 12% lo hizo de manera parcial por la vía digital. El peruano utiliza en promedio 8,6 horas para realizar un trámite a diferencia de los uruguayos, que usan 3,7 horas, y los chilenos, que invierten 2,2 horas.

Pero la era digital es más que la simplificación administrativa y reformula todo, los partidos, la organización del Estado, la relación del Estado con la sociedad, la forma de hacer salud, educación, seguridad, lo urbano, todo. En el mundo estamos ante la tercera ola de reforma del Estado, la de la gobernanza digital. Parafraseando a Shumpeter, se ha abierto un proceso global de destrucción creativa; añadimos que este proceso es de tal magnitud que resulta de proporciones históricas y se asemeja en su profundidad al momento renacentista. El burócrata cree que lo digital es una herramienta, no entiende que es la nueva naturaleza de las cosas. Ya lo dijo hace mucho, en 1964, Marshall McLuhan, el medio es el mensaje. Válido una vez más.