Enfoques polémicos en la gestión de la educación

En los últimos 50 años ha surgido una serie de enfoques para el mejoramiento de la producción de bienes y servicios en organizaciones empresariales y de negocios, que se han extrapolado a los procesos del desarrollo educativo creyendo que le son aplicables. Lo preocupante es que, sin mayor análisis, en varios espacios y foros educativos, han sido considerados válidos y pertinentes. Lo cual no es así. Por ello, este artículo pretende hacer notar sus insuficiencias, invitando a los lectores a debatir nuestros juicios críticos. Nos referimos a las denominadas “habilidades blandas y duras”, “calidad total” y “reingeniería” desde la perspectiva de la gestión de la educación.

Habilidades blandas y duras

En el marco del desarrollo de la globalización y el sistema económico mundial, la expansión de las denominadas “habilidades duras” (Hard Kills) y “habilidades blandas” (Soft Kills)[1], ha llegado hace algunos años a nuestro país. Actualmente se habla, con una aureola de pontificación, de la mejora de estos aprendizajes para el auge de los procesos económicos y productivos de bienes y servicios.

La división de los aprendizajes en “duros” (matemática, ingenierías, ciencias, tecnologías, teorías, conocimientos, máquinas, etc.) y “blandos o suaves” (desarrollo emocional, humanidades, valores, liderazgo, trabajo en equipo, motivación etc.), constituye un error, puesto que las personas permanentemente se desenvuelven de manera holística, y el desarrollo de sus competencias se manifiesta a través de la interacción combinada y sinérgica de todos sus saberes, en todas las dimensiones de su ser: cognitivo-intelectual, socioemocional y afectivo-valorativa.

Cada cierto tiempo, observamos que estos enfoques adquieren una sobrevaloración, que termina siendo efímera, puesto que luego pierden vigencia. Ese fue el caso  de la sacrosanta “tecnología educativa”, concebida como la “panacea” de la educación en el país durante los 70’s y 80’s. Y es que organizar los currículos de acuerdo a ella, implica la ausencia de la valoración multidimensional de los desempeños educativos y la naturaleza de la persona. ¿Acaso, los vínculos afectivos, la integración social y el clima organizacional saludable de los grupos, son “aprendizajes blandos o suaves”? ¿No serían más bien “aprendizajes duros”, por su alta complejidad?

Calidad educativa total

Cuando surgió el enfoque de “calidad total” en el campo de la administración, estuvo dirigido principalmente al producto. Fue valorado por quienes creyeron que los resultados absolutos eran posibles. Frente a ello era inevitable la pregunta: ¿los bienes y servicios alcanzan un nivel de calidad total que implique perfección?

Estamos de acuerdo en que tal pretensión resulta ilusoria, puesto que en toda obra humana -también en la gestión empresarial- los productos tendrán siempre márgenes de error, por más pequeños que estos sean.

Considero que esta concepción le resta importancia al hecho de que los procesos son diseñados, implementados, ejecutados, monitoreados y evaluados por seres humanos. Por consiguiente, resulta por lo menos discutible que algunos actores sociales y educativos -cada día con menos ímpetu- intenten aplicar este modelo de “calidad total” a la gestión educativa a través de planes de mejora continua en las instituciones de enseñanza, pretendiendo que los “productos” (que serían los alumnos) sean considerados como resultados cuantificables.

Esto niega la complejidad humana de los procesos educativos en los cuales se producen vínculos intersubjetivos entre maestros, alumnos, entornos y currículo. Además, no le da la relevancia que corresponde a la diversidad de los educandos, quienes presentan sus propias características socioemocionales-afectivo-valorativas y cognitivo-intelectuales, así como sus propias necesidades fundamentales que hay que atender desde una pedagogía inclusiva.

Debemos aspirar a lograr que los colegios, centros técnicos, institutos y universidades de calidad, aspiren a resultados óptimos de aprendizaje y formación; pero sin llegar a posturas que intenten un control totalizador de los índices y factores que intervienen en la mejora de los sistemas educativos.

La reingeniería educativa

Es considerada un enfoque de gestión dirigido a replantear y reiniciar radicalmente todo en las organizaciones empresariales o institucionales, es decir, desde cero, a fin de configurar nuevas formas de organización de los procesos productivos de bienes y servicios para la satisfacción de los clientes[2]. Al igual que otros enfoques, también se ha intentado desde los años 90, con poco éxito, extrapolarlo a los procesos institucionales y pedagógicos de las instituciones educativas.

Es conveniente señalar, al respecto, que este modelo obvia la importancia de lo previo, vale decir, las fortalezas y logros, así como las debilidades y errores del pasado, a fin de diseñar y ejecutar cambios significativos con miras a lograr resultados educativos óptimos en un marco de calidad. El pasado y el presente son la base para construir el futuro, sobre todo, en las políticas para desarrollar procesos educativos de las personas en sus respectivos espacios y tiempos.

Todos estos conceptos o enfoques, como pueden verse, son polémicos en la gestión de la educación y especialmente de los currículos. Por eso, han ido perdiendo rápidamente    vigencia, dada su escasa consistencia y pertinencia-por su debilidad teórica y su ineficacia práctica- en la mejora real de los procesos en las instituciones e instancias orgánicas de gestión de los sistemas educativos.

IV/ 13 de julio .2019

[1] Whitmore, Paul G. & Fry, Jhon P. (1974). Soft Skills: Definition, Behavioral Model Analysis, Training Procedures. Texas: CONARC.

[2] Hammer, M. & Champy, J. (1994) Reingeniería. Barcelona: Editorial Norma.